Rubén Limardo, el hombre que siempre le cumplió la promesa a sus hijos

“No voy a estar en tu nacimiento, pero cuando vuelva te traeré una medalla”, le hablaba Rubén Limardo a la barriga de su esposa. En dos ocasiones le tocó despedirse con el mismo mensaje porque estaba luchando por una clasificación olímpica. El esgrimista no vio nacer a sus hijos Gaby y Alex, pero sí les cumplió su promesa.

El deporte le ha dado todo en su vida; alegría, tristeza, fama y medallas. Desde pequeño entendió que para ser un atleta de élite debía sacrificarse. No solo entrenar a diario y levantarse de las caídas, sino ausentarse en los momentos más importantes. “Mis dos hijos nacieron y yo no estaba”, cuenta Rubén desde la fría Polonia. 

En junio de 2015, el mayor de los Limardo viajó de Rusia a Venezuela. Su esposa Ana Carolina estaba a punto de parir a su primogénita y él no se quería perder ese momento. Su entrenador Ruperto Gascón le dio un permiso por pocos días, ya que estaba en plena preparación para los Juegos Panamericanos de Toronto y la clasificación a los Juegos Olímpicos de Río 2016. 

“En esa fecha que podía ser el parto, yo le pedí permiso a mi entrenador y me fui pensando que la niña iba a nacer en esos días. Pero qué va, no se dio.  Yo le hablaba mucho en la barriga porque mi mamá decía que eso los preparaba para el futuro. Le decía que iba a ser una campeona”, recuerda el campeón olímpico, quien tuvo que tomar una de las decisiones más difíciles de su vida: volver a Europa y no estar en el nacimiento de su hija.

Rubén estaba consciente del momento que se iba a perder, pero necesitaba regresar para poder pelear la clasificación. Con su maleta en mano, tocó nuevamente la barriga de su esposa. “Hija, tengo varios eventos. No voy a poder estar en tu nacimiento. Pero si algo te voy a traer de regreso a casa es una medalla”. 

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Rubén le regaló a su hija cuando la conoció las dos medallas que ganó en Toronto 2015 / Cortesía Rubén Limardo

Dos medallas para Gaby

El 5 de julio de 2015, Rubén Limardo salió en un vuelo de Caracas a París. Nueve horas y medias después, el de 6 de julio, aterrizaría en el aeropuerto Charles De Gaulle para hacer una escala. Al bajarse del avión, prendió su celular y tenía un mensaje con la noticia más esperada: Gaby había nacido. Casualmente el mismo día que su tío, entrenador y casi padre Ruperto Gascón. 

La alegría lo invadió en pleno aeropuerto. ¡Era papá! La niña que le prometió a su madre antes de morir había llegado sana a este mundo. Ahora sería su gran motor para luchar en las pedanas. 

“En aquella oportunidad casi gano una medalla en el Campeonato Mundial en Moscú. Quedé en la final de ocho, pero sumé puntos. Sin embargo, hubo algo importante y fue que gané en Toronto. Además, por primera vez Venezuela ganaba como equipo. No le llevé una, sino dos medallas de oro”, rememora entre risas. 

Gaby apenas tenía 27 días de nacida cuando conoció al hombre que le dedicaría todas sus medallas. La dorada de Toronto 2015 colgaba en su cuello mientras que su padre admiraba esa carita que solo había visto en fotos. Desde ese instante cada triunfo y sacrificio lleva su nombre.  Aunque ahora los comparte con su hermano Alex Rubén.

Rubén, Ana Carolina y Gaby en Puerto Ordaz / Cortesía Rubén Limardo

Se repite la historia: medalla para Alex y clasificación olímpica de Rubén Limardo 

Luego de un trago amargo en los Juegos Olímpicos Río 2016, donde no logró trascender, Rubén Limardo se enfocaría en Tokio 2020. En medio del proceso clasificatorio, Ana Carolina le dio la noticia de que sería padre por segunda vez. En esta ocasión de un varón. ¡Doble motivación para luchar por su cuarto cupo olímpico! 

La clasificación a Tokio estaba fuerte y no podían regalar ni un día de entrenamiento. Ana Carolina tenía fecha de parto para enero y la Copa del Mundo en febrero. A Rubén nuevamente le tocó tomar una decisión: ausentarse para luchar por el único cupo de espada para Venezuela. “Mi vida estaba destinada a que yo no viviera ese momento”, suelta con voz baja sobre el no haber podido estar en el nacimiento de sus hijos. 

Otra vez, el mayor de los Limardo con la mano en la barriga de su esposa hacía una nueva promesa. “Hijo, tengo un proceso de clasificación. No voy a poder estar en tu nacimiento, pero haré todo lo posible por sumar puntos, clasificar y traer una medalla”. 

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Alex Rubén nació el 6 de enero de 2020. Su padre estaba entrenando en Moscú. “Ya quiero abrazarte, pequeño, sentirte, tomar tus manitos y darte la bendición”, escribía en Instagram. En su celular recibía fotos del bebé y cada una lo inspiraba a estar listo para buscar el cupo olímpico. 

El 8 de febrero se subió a la pedana de la Copa del Mundo en Vancouver con el compromiso de cumplirle a su hijo y lo logró. Cinco años después, volvería a un podio en esta competición al quedar tercero. Además, matemáticamente clasificó a los Juegos Olímpicos. “Yo decía que el sacrificio tiene que valer la pena. Si no los voy a ver nacer, por lo menos brindarles esos triunfos que tanto he deseado”, destaca el espadachín. 

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A las semanas viajó a Puerto Ordaz para conocer a su muchachito. Solo pudo compartir con su familia nueve días, pero le llevó su medalla a Alex. La planificación era regresar el 26 de marzo a Venezuela para viajar todos juntos a Polonia, su país de residencia. La cuarentena por el Covid-19 se lo impidió y ya suma más de cuatro meses viéndolos a diario por videollamadas. 

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Rubén Limardo solo pudo estar con su hijo Alex nueve días

Una lección para sus hijos: luchar por sus sueños 

Sus hijos son su mayor inspiración y si algo quiere inculcarles es que sean unos luchadores. “Yo quiero que sepan lo que hizo su padre por ellos; el sacrificio de no tener una foto después del parto en la clínica por estar cumpliendo con mis deberes y en búsqueda de mis sueños. Ellos seguro van a tener sus sueños y yo voy a estar ahí para apoyarlos”, recalca Rubén Limardo. 

Aunque no le gusta estar ausente, y a veces le pega la tristeza, sabe que todo es por el futuro de Gaby y Alex. “De esto yo puedo ayudar a mi familia para que tengan un mejor nivel de vida. Yo vengo de una familia humilde y no deseo que mis hijos pasen por eso”, confiesa quien se considera un padre lleno de amor y retos. Su mayor anhelo es que a sus pequeños también le guste la esgrima. 

Por el Covid-19, Rubén no sabe cuándo regresará a Venezuela para ver a sus hijos

En cada videollamada Gaby le recuerda que lo extraña y él a ella. La niña de cuatro años es su consentida y su compañera de entrenamientos. La pandemia, como al mundo entero, los está poniendo a prueba y él lo asume desde el amor. Su madre siempre le recordaba que el universo es perfecto y así trata de ver toda la situación que hoy lo aleja de sus grandes amores. 

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