Running: un refugio para apaciguar el dolor de una madre

La emoción de darle vida a un ser humano se esfuma con el dolor de saber que pronto lo perderá. Un gen alterado en dos cuerpos determinó la enfermedad que al año y medio le arrebató a su primera hija. En la espera del fatídico momento, Micaela Fraga descubrió el running. Su refugio ahora es el deporte para poder sobrellevar la situación.

El 17 de noviembre de 2013, Mica conoció a Nina. Dos meses después, luego de diversos estudios médicos, le anunciaron que la niña padecía el síndrome de Zellweger. El término no era conocido por los padres; tampoco era familiar para los médicos, quienes se mantuvieron en contacto con el Institute of the MUHC en Canadá para analizar el caso. Según esta institución, en Argentina, para aquel momento, uno de cada 40 millones de recién nacidos podía tener esta patología. Por su parte, enfermedades-raras.org estima que en el mundo existe una frecuencia de casos entre 1/25.000 y 1/100.000.

El Zellweger es un síndrome que se ubica dentro de las enfermedades raras; pertenece específicamente a las peroxisomales y se caracteriza por asociar alteraciones neurológicas graves como dimorfismo craneofacial. «Es una enfermedad genética recesiva que provoca el déficit de ácidos grasos de cadena larga. El papá de ella y yo teníamos un gen alterado y se unió», contó Micaela Fraga.

Los especialistas le dijeron que Nina solo viviría seis meses; tiempo en el que Micaela decidió dedicarse completamente a su bebé. «Nosotros sabíamos que no había cura. A los ocho meses empecé a procesar lo que ocurría e intenté hacer algo por mí; por eso comencé a correr junto a una amiga en el Bosque de La Plata», recordó la dama de 37 años, sobre aquella época en la que aumentó 17 kilos.

En 2014, la República de los Niños sonreía para ver debutar a una madre que se debatió entre sentirse culpable porque su hija estaba internada o revivir en medio de la tristeza. Se impuso la segunda opción. «Ese día fue muy emocionante, Nina siempre estuvo en mi cabeza y lo hice por ella», confesó Fraga.

El 21 de mayo de 2015, Mica se enteró de la noticia que aún le nubla sus ojos: Nina había fallecido. Su dolor se tradujo en motivación para seguir corriendo, aunque en cada llegada las lágrimas aparecían al recordar a su hija. “Yo canalizaba todo a través de correr, ahí liberaba el dolor», expresó con voz baja mientras una de sus manos secaba las lágrimas.

Desde ese instante, Micaela se dedicó al running. Siempre mira al cielo para hablar con su ángel y le recuerda que cada zancada lleva su nombre. Aunque desde hace más de un año, el pequeño Fermín se unió a esas dedicatorias. «Mi vida cambió; tengo un nuevo hijo y otra pareja. Mi bebé fue algo inesperado, lo tuve sola y lo acepté porque es vida. Él me complementa como madre. Estoy muy feliz, bueno, nunca completamente porque el vacío no se va», reflexionó la licenciada en administración que día tras día aprende a ser mamá.

El destino, luego de su segundo parto, le presentó a Gerardo, el hombre que se convirtió en su pareja sentimental y compañero en el running. Micaela Fraga no se pone límites, ya se ha colgado la medalla de un medio maratón y sueña con culminar los 42K. Eso sí, no deja a un lado su espíritu aventurero que la ha llevado a enamorarse del trail running.

«Yo no tengo miedo de caer, siempre hay que seguir. Detrás de todo lo malo, hay algo bueno», concluyó la rubia con una sonrisa que opaca cualquier tristeza. Su intención al contar esta historia no es ser la protagonista, sino abrir una ventana de esperanza a quienes han perdido a un ser amado y se sienten en medio de la oscuridad.

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