Willow Johnson, es como ver a Randy Johnson pero en voleibol

Sí, es obvio, Willow es su hija. El llevar el apellido Johnson en el deporte de Estados Unidos no debe tener gran peso tomando en cuenta que es común. Pero si le agregas ser hijo de Randy, un Salón de la Fama del béisbol ya es otra cosa.

Esa es la carga que lleva Willow Johnson y no parece pesarle. Con 22 años no se dedicó al deporte que hizo mundialmente famoso a su padre sino al voleibol. No heredó la velocidad en el brazo izquierdo para lanzar pero sí para rematar. Al menos eso demostró jugando para los Ducks de la Universidad de Oregon.

Su figura es imponente, al igual que la de su padre. Willow mide 1.92 metros, lo que seguramente es más imponente cuando salta para rematar. La misma sensación debe haber causado su padre cuando, midiendo casi dos metros, se montaba en la lomita a lanzar pelotas a 100 mph.

Pero la hija de “La Gran Unidad” se decantó por el deporte de la malla alta y al parecer tiene talento. En una entrevista reciente publicada por el NY Times, Willow contó que estará siendo parte de la primera liga profesional de voleibol femenino en Estados Unidos; esto lograría que muchas de las jugadores de ese país puedan jugar ante su gente y no necesariamente tengan como opción ir a Europa.

Willow ataca con la zurda, como su padre / NY Times

Desde niña, Willow ha tenido el apoyo de su padre, en casa y desde la grada. Ya retirado desde 2010, Randy Johnson tuvo más tiempo libre para ir a los juegos de su hija. “The Big Unit” le contó al NY Times que es un fanático de la fotografía, pero en el momento de ir al voleibol la dejaba de lado. Ya bastantes distracciones tenía con los padres de las compañeras de equipo de su niña ante quienes fue imposible pasar desapercibido.

“Sí, me reconocen. Pero siempre estoy allí para apoyarla junto con su madre. Solo soy un padre orgulloso sentado en las gradas, como los demás padres. Cuando juega me siento en la grada, hablamos, nos reímos”.

¿Reírse? ¿Randy Johnson reírse? Algo no cuadra allí. Este hombre se caracterizó por ser cero expresivo. Eso, aunado con una estatura imponente, un rostro lleno de imperfecciones y lanzamientos de fuego lo hicieron una leyenda. Eso fue como pelotero, aunque todo indica que en casa fue lo contrario.

Willow hizo historia con los Ducks

La hija voleibolista de Randy Johnson jugó en la Preparatoria Notre Dame en Arizona. Luego eligió la Universidad de Oregon para continuar estudiando y jugando a un alto nivel. Allí se puso la camiseta verde y amarilla de los patos para destrozar defensas rivales. Así lo hizo su padre en toda su carrera en la que ponchó a 4875 oponentes.

Cuando su carrera universitaria llegó a su fin, los números hablaron por sí solos. Para el 2019, la espigada jugadora, de cabello lacio y rubio, que jugó con la camiseta número 4 estaba entre las mejores de la historia.

Durante su carrera en Oregon, Willow Johnson completó 1.011 remates con 1.165 puntos. Además, hablando de su defensa, realizó 245 bloqueos. Estos números le hicieron seguir adelante en la misión de ser jugadora profesional y, es su sueño, llegar a la selección de los Estados Unidos.

Pero el voleibol no era prioridad para ser profesional en Estados Unidos, al menos en femenino. Eso fue cambiando con un trabajo que iniciaron desde las bases. Según el NY Times, citando a la Federación Nacional de Asociaciones Estatales de Escuelas Secundarias, el voleibol solo estuvo detrás del atletismo en cuanto a número de niñas entrenando con 450 mil. En la universidad solamente el fútbol, softbol y atletismo fueron más practicados por las mujeres en 2019 que el voleibol.

La competitividad la llevó a Turquía

A pesar de que Estados Unidos está en el segundo puesto del ranking femenino de la Federación Internacional de voleibol, no tenía liga profesional. Esto llevó a Marie Willow Johnson a mirar otros horizontes y fue así como firmó un contrato para jugar con el Nilufer Belediyespor de Turquía.

Turquía es quinta en el mundo, pero su liga es una de las más fuertes de Europa. Tuvo que reportarse al equipo a finales de junio para hacer una pretemporada de dos meses en plena pandemia. El cambio cultural, además de una nueva experiencia ya en profesional, le pasó factura.

Marie Willow se graduó en la Universidad de Oregon / Ducks

“Si tenía un mal día en la cancha volvía a mi apartamento y no había nada diferente que pudiese hacer. La diferencia horaria fue muy fuerte porque se complicó poder hablar con mi familia y eso me afectó mientras avanzaba la temporada. El aspecto mentar fue difícil”.

Marie Willow entendió que era el momento de regresar a casa pero ahora con un nuevo panorama. Estados Unidos tendrá liga profesional de voleibol femenino con una duración de un mes, en la que estarán compitiendo 44 atletas del más alto nivel. Todos los juegos se disputarán en Dallas y la hija de Randy Johnson estará compitiendo.

“Es realmente importante que las atletas comiencen a recibir la mayor atención posible en las redes sociales y la televisión. Me siento realmente honrada de poder jugar en mi país. Quiero ayudar a hacer crecer algo y dentro de 20 años mirar hacia atrás y decir; sí, estaba en el primer equipo”.

Randy Johnson, una leyenda en casa

Marie Willow dice que tener un padre como Randy Johnson fue un plus en su carrera. Y es normal pensarlo, el lanzador fue un ejemplo como atleta al lanzar hasta pasados los 40 años en gran nivel lo que lo llevó a ser exaltado al Salón de la Fama.

Los números son impresionantes. Desde que comenzó su carrera con los Expos de Montreal en 1988, hasta que se retiró con San Francisco en 2009 logró ganar 303 juegos con una efectividad de pro vida de 3.29. Ponchó a 4 mil 875 bateadores en 4135.1 innings de labor. En una temporada ganó 24 juegos.

Willow y su famoso padre, Randy Johnson / IG

En 1999 con Arizona, ganó 17 juegos, de esos en 12 lanzó completo. Ganó cinco premios Cy Young y además se apuntó un juego perfecto. Estas estadísticas hubiesen sido imposible de lograr sin una disciplina física, la misma que heredó Marie Willow.

La hija de Randy Johnson sigue labrándose un camino para lograr un nombre propio en el deporte estadounidense. No será lanzando bolas de fuego hacia el home pero sí golpeando balones de voleibol a la cancha contraria. Una de las ventajas es que el voleibol se juega en gimnasios cerrados por lo que es improbable que entre un ave y corra la misma suerte que aquella que se desplumó con la recta de “The Big Unit” en pleno juego.

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